1. identidades colectivas.
Las identidades colectivas son construidas, determinan su contenido simbólico y su sentido para los que se identifican o no en ellas. No obstante, antes de ahondar en el tema es necesario definir que es identidad, y como indica Calhourn, no se conoce gente sin nombre, ni lenguas y culturales en las que no se establezca de alguna manera una distinción entre el yo y el otro, entre el nosotros y el ellos. En este contexto de construcción de la identidad, la identidad se convierte en la principal fuente de sentido entre los individuos, ya sea alguien determinado o un actor colectivo, con la presencia de pluralidades colectivas. (Castells, M. 1997: 28)
En concordancia afirman Beech y Larrondo que la identidad se refiere a la pertenencia a ciertos grupos, a la identificación y de ahí que se construye con un origen común, o con ideales compartidos o ciertas características. La cuestión de la identificación se reitera en el intento de que en la relación entre sujetos y prácticas discursivas, estos se rearticulan (Stuart Hall, 2003: 17); por consiguiente la identificación es condicional, es una fantasía de incorporación.
Ahora bien, si la identidad es una invención moderna no cabe duda que la identidad se “formó” en la descontextualización y está libre de trabas (Bauman, Z. 2003: 41). Aclara Baumann que “pensamos en la identidad cuando no sabemos a qué lugar pertenecemos” y a esta incertidumbre se la nombra identidad.
Hall desde una perspectiva deconstructivista borra el carácter positivo del concepto identidad y agrega:
“la identidad sería entonces no un conjunto de cualidades predeterminadas; raza, color, sexo, clase, cultura, nacionalidad, etc.; sino una construcción nunca acabada, abierta a la temporalidad, la contingencia…o fijada en el juego de las diferencias”
Las identidades nunca se unifican, están fragmentadas, no son singulares sino construidas de varias maneras, a través de discursos, prácticas y posiciones diferentes, que a veces se cruzan y pueden ser antagónicos, pero en constante cambio y transformación ( Stuart Hall, op cit: 17). Sin embargo el uso de los recursos de la cultura, la lengua y la historia entre otros, son los materiales que se utilizan en la construcción de las identidades y la articulación de las mismas y el sentido que se le otorgue, de ahí que están influenciados por el poder, por lo tanto se construyen las identidades dentro del poder y la exclusión.
Volviendo ahora a la definición de Castells con respecto a identidades colectivas, el autor diferencia tres formas y orígenes de la construcción de la identidad y por consiguiente, a su vez conducen a diferentes constituciones de la sociedad:
ü Identidad legitimadora: es la introducida por las instituciones dominantes para extender y racionalizar su dominación frente a los actores sociales.
Este tipo de identidades genera una sociedad civil.
ü Identidad de resistencia: es la que generan los actores que se encuentran en posiciones o condiciones devaluados o estigmatizados por los mecanismos de la dominación, por lo tanto construyen trincheras de resistencia, basándose en principios diferentes u opuestos a los impuestos por las instituciones de la sociedad.
Este tipo de construcción de la identidad conduce o genera la formación de comunas o comunidades y de esta manera constituyen formas de resistencia colectiva frente a la oposición, de modo que el problema sea más soportable, y al mismo tiempo bien definidos por la historia, geografía o la biología, facilitando las fronteras de esa identidad. Ejemplos como la etnicidad, los fundamentalismos religiosos o el nacionalismo son colectivos que construyen su identidad en términos de una identidad defensiva desde el punto de vista de las instituciones dominantes reforzando sus fronteras. Es interesante lo que dicen Beech y Larrondo con respecto al término fronteras, refieren que se trata de un proceso dinámico, que no son estables y que suelen cambiar y redefinirse.
ü Identidad proyecto: se produce cuando los actores sociales se basan en los materiales culturales de que disponen, por esta razón construyen una nueva identidad que redefinen su posición social y al hacerlo buscan la transformación de toda la estructura social.
Aquí por ejemplo el feminismo dio el paso de su identidad de resistencia para desafiar al patriarcado y transformar de este modo la estructura de dominación en la que se ha basado la sociedad occidental a lo largo de la historia.
Naturalmente estos tipos de identidades no son estáticas ni excluyentes entre sí; por lo tanto una identidad de resistencia se puede transformar gradualmente en una identidad proyecto y luego en una legitimadora. Es necesario no ser categórico, ni abstracto o general cuando se establece el tipo de identidad que desarrollan los diferentes colectivos, por eso hay que tener en cuenta como se constituyen y qué relación tienen con el poder.
Identidades colectivas en el Estado – Nación: Argentina.
El Estado- Nación juega un papel importante en la construcción de la identidad colectiva, dado que construyó un “nosotros” por medio de las instituciones, dando lugar al que pertenecía y al que quedaba afuera de la Nación (Beech, J y Larrondo, M. 2005: 4).
A finales del siglo XVIII el país para crear el Estado y la Nación debió sortear el problema de la identidad nacional, que los ciudadanos se sintieran parte de ella, ósea pertenecer al estado nacional. Ahora bien, la cuestión era que ante la inmigración masiva de 1880, se le tornaba difícil el federalismo al Estado. A pesar de esta situación se conforma la identidad nacional como frontera política convirtiéndose en una frontera simbólica (Beech, J y Larrondo, M., op cit: 5).
Las dos instituciones que formaron parte de la constitución de la identidad colectiva fueron la escuela y el ejército. La primera a través de la realización de fiestas patrióticas y el reconocimiento de los héroes nacionales que contribuyeron a darle sentido al significado de nacionalidad y, el ejército por su parte, instauró el servicio militar en 1911 y “fue el antídoto contra el cosmopolitismo”, de Ronquie según Beech, y además acota este autor, que el objetivo era la transformación del ciudadano argentino, argentinizando al extranjero.
Entonces la escuela y el ejército fueron los encargados de que los valores nacionales fueron inculcados como apego patriótico logrando construir una identidad nacional, ósea un “nosotros” perteneciendo a una comunidad.
Es necesario recalcar la relación de las identidades sociales – cohesión social y la escuela. Si la cohesión social es la capacidad que tiene una sociedad de brindar bienestar a todos sus ciudadanos, “achicando” la polarización (definición de la unión europea); por consiguiente la escuela es el lugar en donde ocurre lo opuesto, la fragmentación social (Gvirtz, S y Beech, J. 2009: 7), y a primera vista se observa con la presencia de los sectores altos que concurren a escuelas de elite con la idea de mejorar la posición social de la familia y pertenecer a la elite social y económica; por el otro lado, los alumnos de clase baja que concurren a escuelas que están preparadas para “resistir el derrumbe”. La relación entre estos grupos como elemento integrador se advierte en que falta una base en donde se adhieran y se vinculen los unos con los otros, que revele la interdependencia y la necesidad de participación en un espacio público y compartido (Beech y Larrondo op.cit.:7-8). De todos modos la escuela es por excelencia el lugar en el cual se puede y se aprende a vivir con el “otro”, y el Estado es el encargado de controlar esta fragmentación evitando los particularismos, a través de sus políticas. Entonces la cohesión social viene de la mano de la identidad colectiva como algo que fue construido con la presencia de los sistemas colectivos.
Consideraciones finales
Las identidades colectivas se construyen y dan sentido a los que se identifican con ella, en pertenecer, en distinguirse entre el “nosotros” y el “ellos” y también es justo decir que puede haber pluralidad de identidades en constante cambio y posterior transformación.
La construcción de las identidades colectivas se diferencia en tres tipos de formas, no estáticas y que se pueden ir transformando de una a otra y son, la identidad legitimadora, la de resistencia y la de proyecto, relacionadas con los mecanismos de poder.
El Estado-Nación es primordial en la construcción de las identidades, primero debe crearse como tal para dar lugar al “nosotros”, al lugar de pertenencia y por otro lado afianzar el territorialismo, a través de sus instituciones, ósea la escuela y el ejército. La escuela es el lugar donde se “aprende a vivir juntos”, a enseñar el respeto por los “otros”, evitando el racismo, la xenofobia y al mismo tiempo contribuir al anhelo de la paz mundial.
Al referirnos a las identidades colectivas y la historia de la identidad, admitimos que hablamos de la modernidad, y no cabe duda que surge el problema de su perdurabilidad; y por otro lado, la posmodernidad que quiere evitar el cómo construirla y mantenerla sólida, de ahí que quiere evitar la fijación y mantener las opciones; por lo tanto “la modernidad construía en acero y hormigón; la posmodernidad construye en plástico biodegradable” (Baumann, 2003:40-41). El autor habla del peregrino como la vida moderna preocupada por la construcción identitaria, en cambio, el pasante, el vagabundo, el jugador y el turista serían ciertamente el posmodernismo, el no “atarse”, pasar los límites y sortear la inmovilidad.
En la actualidad, las escuelas se encuentran desorientadas al tratar el tema en discusión (Beech, J. 2008:85) y aún más como explicarles a los jóvenes que las diferencias de color de piel, género, etnias son importantes y no discriminatorias, por lo tanto debe prevalecer la idea de respeto por la diversidad, ósea reconstruir una identidad nacional y más inclusiva.
La escuela que promovía el modelo de identidad se debilita y a propósito es interesante la hipótesis que describen Dussel y Caruso:
“los sujetos que entran en las escuelas, vienen con sus identidades construidas por fuera del sistema educativo y con pocas ganas de asumir la identidad escolar”
De esta forma compiten las normas (las de afuera y las de adentro- escolar), no logrando la identidad de los jóvenes (la pérdida simbólica).
Hay que rescatar que la escuela es una de las pocas instituciones que transmite valores y cumple la función de llegar a todos los miembros de la sociedad.
Por dichas razones es importante el papel que juegan en la contención de las identidades colectivas, la presencia del Estado- Nación, la escuela, y los sectores sociales.
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